Bacon y los sueños lovecraftianos

Hoy no he podido dejarlo más y he acudido a la exposición de Francis Bacon en el Museo del Prado. El lunes me dió el agobio pensando que ya la había dejado pasar pero afortunadamente no me ha pillado el toro del todo (la cierran el próximo domingo 19) y he podido “disfrutarla”.  La verdad es que la pintura de Bacon no sé si se disfruta o se sufre (mi madre bromea con que su médico se la ha prohibido).

Nunca he sabido nada de la vida, obra o personalidad de  Francis Bacon (el pintor; del filósofo algo más). Es más, no recuerdo cuando vi por primera una obra suya ni qué obra fue; pero lo tengo como en una especie de nebulosa, porque lo que sí sé es que siempre, hasta donde recuerdo, ha sido uno de eso pintores que más me han impactado y cautivado. Creo que recuerdo vívamente la impresión que me produjo ver alguno de los estudios “sobre un retrato de Velázquez del Papa Inocencio X”; en verdad no creo que haya obras que me transmitan “esa” sensación de un modo tan directo.

La oportunidad de ver la exposición del Prado es única. No me atrevo a decir una cifra pero de las 60 obras que contiene, seguro que hay más de 30 museos o colecciones privadas de procedencia. Es decir, que las posibilidades de volver a ver muchas de estas obras es más bien remota. He salido tan entusiasmado por ella que en un arrebato consumista (“así ayudo al museo”, me decía) he comprado el catálogo, y he salido con la firme decisión de empollar un poco más sobre este hombre.

Lo único que sí que me ha confirmado lo que he visto hoy es mi creencia de lo íntimamente ligado que está lo lovecraftiano con la obra de este pintor. No he oído nunca nada al respecto, pero alguien me tendrá que convencer de lo contrario. Los seres y situaciones innombrables de los relatos de Lovecraft no tienen mejor representación. Porque no puede ser una representación figurativa. Lo que me gusta de este autor es como sus obras nunca terminan de abandonar la realidad; cómo se esmera en detalles casi fotográficos para luego darle a todo unas transformaciones más propias de sueños o pesadillas, de espacios no inhumanos, que dejan siempre al espectador espacio para ver más allá de lo que hay representado.

Vamos, yo a este señor me lo imagino como PNJ dentro de una partida pero sin problemas.

Por supuesto, la visita a la exposición cuesta 1/1D3 de COR.

¿Para cuándo nos dejaremos de videojuegos realistas para intentar transmitir estas sensaciones que el cine no puede? Seguimos empeñados en el realismo, en lo fotográfico y ahí no tenemos nada que hacer. Tenemos que pintar con el material que tenemos, que permite muchas más licencias irreales que las que el cine admite.

Sobre este tema tengo pendiente daros la vara.

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